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Desde la azotea de una polifacética ligeramente pirada...

Relatos imposibles - "Zorba, no saltes!" Primera Parte

Relatos imposibles - "Zorba, no saltes!" Primera Parte La nueva vecina de Ana era un encanto, una chica griega que acababa de llegar de su país, hablando poquito español, casada con un hombre mucho mayor que ella. Él era algo taciturno, y apenas le veían. No tardaron en saber que su vecino padecía una enfermedad de tipo depresivo, y que era crónica...De hecho Helena y ellos lo averiguaron al mismo tiempo, puesto que fue precisamente un sobrino de sus vecinos el psicólogo que le visitó. Ella, que era una mujer toda dulzura y sonrisas, que cuando se reía hacía que se agitaran divertidas todas las sábanas en los tendederos, y los geranios del piso de abajo estiraran el cuello para curiosear; ella, que cantaba con Ana desde su balcón, y le contaba cosas de su país, para luego escuchar sus interminables retahílas de aventuras adolescentes...se desmontó. La enfermedad de su marido fue como un mazazo en el tejido de ilusiones que había venido cosiendo retazo a retazo desde su primer viaje a España. Él era un buen hombre, culto, sensible y educadísimo, pero su depresión hacía que se encerrara en su mundo de nubes grises, y eso era lo que desmontaba la contagiosa y chispeante alegría de Helena. Poco a poco se fue convirtiendo en un integrante más de la familia de al lado , una especie de hermana mayor para Ana, y con la ayuda de todos sus amigos y una presencia de ánimo digna de encomio, Helena se reconstruyó a sí misma en relativamente poco tiempo. Salía, con un grupo de griegos, que se reunían semanalmente para charlar, bailar, comer y beber y compartir algunos recuerdos de su patria. Bailaba el sirtaki deliciosamente, siempre con la sonrisa de niña pícara en su carita de bombón de chocolate blanco. Ana por entonces estudiaba psicología en la facultad. Se pasaban horas charlando, porque Helena había sido enfermera en Grecia y le contaba casos y cosas muy interesantes.
Un día les anunció que se iba un par de semanas a ver a su familia, y que mientras estaba fuera, en parte por tener una ayuda económica, y en parte para que su marido no estuviera sólo, iban a tener a un estudiante viviendo en la casa. Se lo explicó enseguida a sus vecinos para que no se sorprendieran si veían allí a un extraño. La despidieron entre besos y abrazos, y la vida siguió su curso normal, o casi. Porque el nuevo inquilino del piso de al lado irrumpió en ella de repente, a raíz de una lavadora que no funcionaba, la suya. La madre de Ana, le vió desde el lavadero pelear con botones y grifos preocupado, y le preguntó que le pasaba. El aparato se negaba a obedecer al que para él era un desconocido, y la ropa permanecía enjabonada y apelotonada sin que pareciera haber remedio a la situación. La buena señora, en atención a Helena, y porque era una mamá pollo de por sí, se ofreció a aclararle y centrifugarle aquella ropa. El vecino aceptó y se deshizo en agradecimientos balbuceados en precario español.
Al día siguiente, se presentó en la casa. La madre de Ana le abrió confiada, y sonriente, pensando que el pobre muchacho quizás tenía más problemas domésticos, Pero no, el chico sólo acertaba a hilvanar frases que sonaban más o menos: “Muchísimas gracias, ustedes ahora ser mi familia. Yo querer quedarme aquí con ustedes, porque ser familia....” ella escuchaba educadamente, intentando entenderle y la vez hacerle marchar, cuando él de repente vio una fotografía de Ana sobre el mueble del recibidor.
“Es Nuria!” exclamó visiblemente emocionado “La veo en Facultad Filología”
La pobre mujer, que ya estaba más que mosca, acompañada por la señora de la limpieza, una andaluza de rompe y rasga que se había asomado en calidad de guardaespaldas improvisado, le contestó que aquella chica no se llamaba Nuria, sino Ana, que era su hija, y que no estudiaba Filología , si no Psi-co-lo-gí-a (así, silabeando, por si no la entendía).
El insistió, y ahora el balbuceo sonaba más o menos así: “Es Laura, y ustedes mi familia, y yo querer quedarme en esta casa”.
Con el desconcierto que os podéis imaginar, la madre de Ana y su guardaespaldas intentaron echarle de allí, y lo consiguieron después de bastante rato de diálogo para besugos, pero sin perder las formas.
Después de que se tomaran un café con leche y unas galletas comentando lo ocurrido e intentando adivinar que le pasaba al extraño vecino, la paz volvió a la casa, llegó la noche, y con ella, Ana, que venía de la facultad con una compañera.
Se lo contaron y le pareció rarísimo. Entraron en la habitación para estudiar, y abrieron la ventana, porque todo esto pasaba en uno de esos pegajosos veranos barceloneses. A su amiga le pareció ver una sombra en el lavadero de los vecinos, repetidas veces, pero cuando se lo decía y Ana miraba, por lo visto la sombra se escondía, así que pensó que eran imaginaciones provocadas por el relato de su madre.
Hasta que la compañera de clase se fue a su casa, y la familia a dormir.
Ana siempre padeció de insomnio, y cuando lograba dormirse, se despertaba con el zumbido de una mosca. Con más razón la despertó la voz de su abuela de 87 años, serena, pero en tono perentorio, que decía desde su cama:
“Nena, aquí hay un señor”
(continuará...)

Imagen : Gretchen Jones

01:11 p.m. Escuchando: Satie "Gymnopédie"
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7 comentarios

Marta -

Y la foto, es también estupenda.

Marta -

Oh! Impresionante, me ha encantado. Ya tardas en volver y subir la otra parte. Queremos más!

Moonsa -

Gracias a todos por vuestros comentarios (los de hoy, y los de otros días eh). Mañana el final de la historia, aunque puede que entre parte y parte ponga otro post, que no tiene nada que ver, porque me ha dao por ahí :D. Me voy "de blogs" y luego vuelvo :)

esquivando -

Jo, que intriga. ¿Y cómo es él? ¿A qué dedica el tiempo libre?. :P

lua -

Uich, yo también me he quedado con la intriga.

Vamos a tener que esperar hasta mañana??

Dark kisses

not a pretty girl -

andaaa, y nos dejas con la intriga :P yo también espero la continuación, que esto parece un coitus interruptus XD

petons

Hija de la Luna -

¿Para cuando el resto? Hazlo rápido, por favor, que me he quedado con la intriga de qué le pasaba al estudiante!
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